Ahora resulta que la princesa está embarazada. Y si es niño no pasa nada pero si es niña hay que disolver el parlamento, modificar la constitución, vamos, poner el país patas arriba... por un bebé!
Luego nos hablan de igualdad, pero para ellos no la aplican. Ellos tienen sus derechos especiales. Esos niños no son como los nuestros. Nacen con unos derechos adquiridos y tendrán siempre "sangre azul". Acuñarán su perfil en las monedas, en los sellos. Si un hijo nuestro tiene un coeficiente altísimo, un carácter inmejorable, se aplica en sus estudios y saca tres carreras con masters incluidos, seguirá teniendo que inclinarse ante este bebé que aún no ha nacido y del que no sabemos su capacidad (hace algunos siglos ya tuvimos monarcas no precisamente superdotados)
Antes de continuar quiero felicitar desde aquí a la pareja, pero lo que quiero es desear la mayor de las suertes a "las otras parejas". Porque, señores analistas, en estos momentos habrá multitud de mujeres embarazadas a quienes ustedes no se preocupan de felicitar ni de desear suerte. Y son ellas quienes de verdad lo necesitan porque ante cualquier problema no tendrán tan diligentes a los mejores médicos, ni las mejores clínicas, ni los mejores medios. Cuando den a luz quizá no tengan esperando un séquito de pelotas o de gente pudiente para rodearlos de comodidades y lujo. A muchas quizá no les espere ni siquiera su pareja. Y luego tendrán que ir a ocuparse de su casa a la vez que del niño, o pagar a una asistenta la mitad de lo que cobran en su trabajo de cajera de supermercado a mil horas semanales.
Señores de las corbatas absurdas: éstos son los embarazos reales. Al menos son los que a mí me preocupan. A éstas madres es a las que hay que desearles que todo les vaya bien, y que tengan alguien que les abrace después de crear lo más bonito que una mujer puede hacer.